Hay dulces que nacen en muchos lugares a la vez y otros que terminan asociados para siempre a un único nombre. El turrón es de los segundos, y ese nombre es Jijona. Pero, ¿por qué fue precisamente este pueblo de la provincia de Alicante, y no otro, el que se convirtió en sinónimo mundial de turrón? La respuesta tiene que ver con la tierra, con siglos de oficio y con algo de casualidad histórica que, en nuestro caso, incluso tiene apellido.
Tierra de almendros
Todo empieza por la geografía. Jijona se asienta en un entorno de sierra, con un clima mediterráneo seco y unos suelos que han hecho del almendro uno de los cultivos tradicionales de la zona desde hace siglos. Esa disponibilidad de almendra de calidad, unida a la miel de las sierras cercanas, dio a los primeros turroneros de la comarca la materia prima perfecta para desarrollar su oficio sin depender de importaciones ni de intermediarios. No es casualidad que el turrón naciera aquí: nació donde estaban los ingredientes.

Un oficio con siglos de historia
Los primeros dulces de miel y almendra en la zona mediterránea se remontan a la Edad Media, pero fue en Jijona donde ese oficio encontró un lugar donde arraigar de verdad, ya desde el siglo XVI. Con el paso de los siglos, el turrón jijonenco fue ganando prestigio hasta llegar a la corte real: en el siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión, el municipio llegó a enviar turrón a Madrid como regalo institucional para agradecer favores obtenidos ante la Corte, encargando expresamente que fuera de almendra fina y miel de romero, sin escatimar en calidad tratándose de un regalo para la Corona.
Esa exigencia de calidad, incluso cuando el turrón era un regalo protocolario y no un producto a la venta, dice mucho de cómo se ha entendido siempre el oficio en Jijona: no como una elaboración cualquiera, sino como algo que representa al pueblo entero allá donde va. Con el tiempo, esa misma vocación llevó a familias jijonencas enteras a viajar por el mundo vendiendo su turrón, primero por ferias de la propia región y, ya en el siglo XX, instalando obradores en países tan distintos como Cuba, Argentina o Marruecos.

La revolución del boixet y el nacimiento del turrón blando
Durante el siglo XIX, la producción de turrón en Jijona dio un salto decisivo con la llegada de nuevas máquinas, entre ellas el conocido como boixet. Este invento permitió triturar y volver a aglutinar los ingredientes del turrón, dando lugar a una textura suave y untuosa completamente distinta a la del turrón duro que se elaboraba en la vecina Alicante. Fue así como nacieron las dos variedades originales que todavía hoy definen el sector: el turrón blando de Jijona y el turrón duro de Alicante, ambos con la misma base de almendra y miel, pero con procesos e identidades propias.

Una Indicación Geográfica Protegida que garantiza el origen
Con el tiempo, la fama del turrón de Jijona hizo necesario proteger su origen frente a imitaciones. En 1996 se reconoció oficialmente la Indicación Geográfica Protegida que ampara las denominaciones de Jijona y Turrón de Alicante, bajo un mismo Consejo Regulador. Este reconocimiento a nivel europeo garantiza que, cuando se habla de turrón de Jijona, se habla de un producto elaborado en un territorio concreto, con una tradición y una técnica que no se pueden replicar simplemente copiando una receta.
Por qué seguimos aquí
Desde 1988 elaboramos nuestro turrón en Jijona, en el mismo territorio donde todo empezó, con el mismo criterio que ha guiado a generaciones de turroneros antes que nosotros: almendra y miel de calidad, un oficio artesanal y el tiempo necesario para que cada pieza salga como debe salir. No hacemos turrón en Jijona por tradición vacía, sino porque aquí es donde el producto tiene sentido: en la tierra que lo vio nacer, con el clima y el oficio que lo hicieron posible.
Si quieres descubrir de cerca el resultado de esta tradición, puedes ver toda nuestra selección de turrones en pablogarrigos.com o escribirnos a si tienes cualquier consulta sobre nuestros productos.